TESTIMONIO DE NÉLIDA 

El artículo 35 de la constitución española, dice textualmente lo siguiente:

Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.”

Sin embargo nada más lejos de la realidad. Hoy en día, simplemente el tener derecho al trabajo es un espejismo para las más de 4.700.000 personas que como yo aspiramos a él. Por lo que, si conseguir trabajo resulta un espejismo, el hablar de elección, promoción, remuneración suficiente y la no discriminación, una utopía.

Mi nombre es Nélida, tengo 35 años y desde que acabé mi carrera de Ingeniería Técnica Industrial en 2002, no he conseguido encontrar la estabilidad profesional que todo el mundo ansía. Los comienzos, como todos, fueron duros, pero ilusionantes. Mis aspiraciones eran únicamente adquirir experiencia y formarme. Tras esta época, pasé a otra en la que aspiraba a ser algo más que mileurista, a tener el trabajo de mis sueños, una estabilidad, posibilidades de promoción, etc. pero ahora, tras un periodo de sucesivos contratos temporales: por obra, planes de empleo o por sustituciones puntuales, me veo titulada, con master, cursos de formación, experiencia y bagaje suficiente. Pero el sueño de trabajar en aquello que me gusta y para lo que estudié, se ha transformado en uno más simple y escueto: TRABAJAR.

Afortunadamente, aunque algo desesperanzada no pertenezco de momento a ese porcentaje de parados que han tenido que regresar a casa de sus padres, ni a ese otro que sobrevive con la escasa pensión de sus mayores, ni del que ninguno de los miembros de la unidad familiar tiene trabajo o del desafortunado porcentaje que se ha visto desahuciado por no poder pagar sus deudas. Sin embargo, sí soy de ese otro porcentaje que cada vez ve más viable como salida profesional la marcha de su isla, comunidad o por qué no, su país. Como me ocurrió hace unos meses cuando fui llamada por la consejería para sustituir en la isla de La Gomera y como hace años hicieron muchos canarios, como mi suegro, en busca de un futuro mejor a pesar de dejar atrás familia, amigos y sus raíces.

Además, como mujer me enfrento a los datos arrojados por recientes estudios que revelan que el paro se feminiza cada vez más. Y como resultado de que la conciliación de vida laboral y familiar sigue recayendo sobre la mujer, todavía encontremos empresarios que consideren un obstáculo para la contratación el que puedas plantearte formar una familia en un futuro y te pregunten sin escrúpulos sobre ello en las entrevistas de trabajo.

Pero no obstante, pese a todo esto, hay que seguir adelante y no perder la esperanza. Aprovechando el tiempo para continuar formándonos, encontrando nuevas posibles vocaciones, como en mi caso la educación. Continuar con la búsqueda de oportunidades y en la lucha activa, haciendo ver a los políticos que tienen el deber de no seguir vulnerando del artículo 35 de la Constitución y otros tantos que afectan directamente a los derechos sociales. Y proclamarles bien alto nuestro lema de este año: “Derechos Sociales. Un deber de justicia”.

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