Inmigrantes. Romper fronteras, construir humanidad

La migración es un derecho de las personas. Pero la emigración, forzada por la pobreza y la miseria, es un efecto del actual sistema neoliberal, que acrecienta la brecha entre los pueblos y personas ricas y pobre. La actual crisis económica se ceba especialmente en los inmigrantes.

Los trabajadores inmigrantes, no son mercancía laboral, sino personas que tienen derecho a un trabajo digno y seguro y, para los cristianos, son hermanos, los preferidos porque son los más pobres.

La sociedad, para afrontar con humanidad la situación de los inmigrantes, ha de reconocer su dignidad de personas y transformar la cultura actual desde la comunión y la fraternidad. Se trata de romper fronteras para construir humanidad.

La Iglesia, especialmente, estamos llamados a una verdadera conversión en relación con los inmigrantes. Es decir, a un cambio de mentalidad y de corazón: purificarnos de actitudes de diferencia discriminatoria y de exclusión/expulsión, para dar paso a la acogida, la justicia y la solidaridad, y alumbrar a una nueva humanidad. Actualizamos así las palabras de Jesús: "Lo que hicisteis a uno de éstos, inmigrantes, a mí me lo hicisteis" (ver Mt 25, 40)

Inmigrantes. Romper fronteras, construir humanidad

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