Trabajar y consumir, ¿eso es vida?


Jesucristo nos muestra que la persona encuentra la felicidad cuando sale de sí misma para servir al otro, especialmente para servir al empobrecido. Este servicio se concreta en el amor-justicia: amor que se realiza en la justicia y justicia que se fundamenta en el amor. La libertad encuentra su sentido más profundo cuando se pone al servicio del amor y de la justicia.

Pero la cultura dominante en nuestra sociedad, la cultura consumista, ha devaluado la pasión por la justicia. Se ha extendido un mecanismo en la sociedad y en nuestra vida que nos induce a movernos guiados por el principio de la satisfacción individual y a alejarnos de todo lo que puede incomodarnos, especialmente del dolor y del sufrimiento de los otros, de los empobrecidos.

Para realizar nuestra humanidad es fundamental recuperar el verdadero sentido de nuestra libertad. No somos libres para elegir lo que nos satisface prescindiendo de todo lo demás, somos libres para amar practicando la justicia. 

¿Qué pasaría en nuestra vida y en nuestra sociedad si dejásemos que el sufrimiento de los empobrecidos hablase con elocuencia?

Trabajar y consumir, ¿eso es vida?

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